El Papa León XIV en Argelia. Cristianos y Musulmanes.- 13- 04 -2026.
África | Vaticano
León XIV reivindica en Argelia la relación entre cristianos y musulmanes: “La fe no aísla, sino que abre”
El Papa ha acudido esta tarde a la Basílica de Nuestra Señora de África, donde se ha encontrado con la comunidad argelina
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León XIV en la Gran Mezquita de Argel
Por Elena Magariños | 13/O4/2O26 - 19:13
“La fe no aísla, sino que une. Acerca sin uniformar”. Así lo ha subrayado el papa León XIV, acerca de la relación entre cristianos y musulmanes, en su discurso en la Basílica de Nuestra Señora de África, donde ha tenido lugar el encuentro con la comunidad argelina en este primer día de su viaje apostólico por África.
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Antes de llegar a la catedral, el Papa ha estado en la Gran Mezquita de Argel, donde ha sido recibido por el rector de la misma, Mohamed Mamoun Al Qasimi, y donde ha tenido lugar un breve encuentro privado en presencia del cardenal George Jacob Koovakad, prefecto del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso. Más tarde, el Papa se ha trasladado al Centro de acogida y de amistad de las Hermanas Agustinianas en Bab el Oued para una visita privada.
A su llegada a la basílica, el Papa es recibido por dos niños que le han ofrecido flores, así como por el cardenal Jean-Paul Vesco, arzobispo de Argel, y por el rector del templo, Peter Claver Kogh, quien le ha presentado la cruz y el agua bendita para la aspersión.
Tras un momento de adoración del Santísimo Sacramento, el cardenal ha dirigido un saludo de bienvenida, al que ha seguido el testimonio de una religiosa de Notre-Dame du Lac Bam, el testimonio de una estudiante pentecostal, el de una guía de la Basílica, el de una mujer musulmana y, finalmente, un canto interreligioso.
El Papa en la Basílica Nuestra Señora de ÁfricaLeón XIV en la Basílica Nuestra Señora de África (Argel). Foto: Vatican Media
León XIV sobre la oración, la caridad y la unidad
“Quisiera que nos detengamos a reflexionar juntos sobre tres aspectos de la vida cristiana que considero muy importantes, especialmente por su presencia aquí: la oración, la caridad y la unidad”, ha dicho el Papa en su discurso.
“Ante todo, la oración. Todos la necesitamos”, ha señalado, ya que “el diálogo con Dios como un elemento indispensable no sólo para la vida de la Iglesia, sino también para la de cada persona”. Y es que “la oración une y humaniza, refuerza y purifica el corazón, y la Iglesia en Argelia, gracias a la oración, siembra humanidad, unidad, fuerza y pureza a su alrededor, llegando a lugares y contextos que sólo el Señor conoce”.
La caridad, por otro lado, nace del “amor a los hermanos”, que “es precisamente el que ha animado el testimonio de los mártires que hemos recordado”. De esta manera, “frente al odio y a la violencia, permanecieron fieles a la caridad hasta el sacrificio de la vida, junto con tantos otros hombres y mujeres, cristianos y musulmanes”.
“Lo hicieron sin pretensiones y sin clamor, con la serenidad y la firmeza de quien no presume ni desespera, porque sabe en quién ha puesto su confianza”, ha enfatizado el Papa, llegando, así, al tercer punto de su reflexión: el compromiso por promover la paz y la unidad.
Basílica Nuestra Señora de ÁfricaBasílica Nuestra Señora de África (Argel). Foto: Vatican Media
El Papa y la unidad entre cristianos y musulmanes
“La paz y la armonía han sido características fundamentales de la comunidad cristiana desde sus orígenes, por deseo mismo de Jesús”, ha recordado León XIV. “Es signo de ello, como nos ha recordado Su Eminencia, esta misma basílica, símbolo de una Iglesia de piedras vivas donde, bajo el manto de Nuestra Señora de África, se construye la comunión entre cristianos y musulmanes”, ha aseverado.
Y es que, en este lugar, cristianos y musulmanes son “hijos deseosos de caminar juntos, de vivir, rezar, trabajar y soñar, porque la fe no aísla, sino que abre; une, pero no confunde; acerca sin uniformar y hace crecer una verdadera fraternidad”, ha subrayado.
“Una parte considerable del territorio de este país está ocupada por el desierto, y en el desierto no se sobrevive en soledad”, ha concluido el Papa, subrayando que “es la fragilidad reconocida la que abre el corazón a la ayuda mutua y a la invocación de Aquel que puede dar lo que ningún poder humano es capaz de garantizar: la reconciliación profunda de los corazones y con ello la paz verdadera”.
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