Batalla de Salta

20 de Febrero de 1813



1.- Gesto de valentía y patriotismo. “Informado de la desmoralización que en parte ha invadido a los oficiales, Belgrano prefiere hablarles en privado y los recibe de pie, en su tienda de campaña: “Señores, tenemos una larga campaña por delante y deseo contar con la colaboración de todos ustedes. El que no tenga bastante fortaleza de espíritu para soportar con energía los trabajos que le esperan, puede pedir su licencia”. Hay leves movimientos de cabeza, crispaturas de manos pero advierte en la oficialidad muestras de particular simpatía. Muchos de esos oficiales se harán célebres en diversos terrenos: como José María Paz, Manuel Dorrego, Cornelio Zelaya, Rudecindo Alvarado, Gregorio Aráoz , La Madrid, etc.

2.- Algunas contrariedades. Belgrano, domina con firmeza las resistencias que les oponen los enemigos encubiertos de la causa. Su firmeza no tiene paliativos, y así, al sorprender la correspondencia entre Goyeneche y el obispo de Salta ordena a éste, salir de la Capital en el plazo de 24 horas. Cuando avisó a Buenos Aires:"Los oficiales y soldados, no tienen comida, vestimentas, ni espadas”,recibó esta respuesta: “El Estado no tiene en el día, ni espadas ni sables disponibles, ni tampoco dónde comprarlos”. Mientras aguardó el envío de estos auxilios indispensables, Belgrano se ocupa en disciplinar y dar una nueva organización al ejército. Muy preocupado por la suerte de Cochabamba, amenazada en esos momentos por 2.500 realistas, Belgrano dispone nombrar al Coronel Balcarce, Mayor General por enfermedad de Díaz Vélez. Belgrano se entera por el capitán José Apolinario Saravia de la existencia de una senda oculta más al norte, que lo puede conducir a retaguardia del enemigo. En la tarde del 18 de Febrero, bajo una lluvia torrencial, el ejército patriota se interna en dicha quebrada. Un oficial se acercó a Tristán y le advierte la jugada: los patriotas están a la retaguardia. Tristán no lo puede creer: -…¡Sólo que fueran pájaros!... – exclama-. “Por su parte Belgrano, a la madrugada, aunque tiene varios vómitos de sangre, está resuelto a mandar la acción, en persona”

3.- La Batalla. El 20 de febrero de 1813 sostuvieron la Batalla de Salta las tropas patriotas al mando del Gral. Manuel Belgrano y las realistas comandadas por el Gral. Pío Tristán. En ambos bandos había españoles y americanos, el mismísimo Tristán era peruano e inicialmente había estado del lado de la revolución pero, la dureza de Castelli lo volcó al campo realista, participó en Desaguadero, desastre patriota. Del lado de la revolución combatió Arenales, que era español. En la población salteña había una profunda división entre patriotas y realistas.

En la batalla de Salta se desplegó por primera vez en combate la bandera celeste y blanca creada por Belgrano, “la cual según su profético deseo de hacía un año, estaba reservada para aparecer cubriendo las tropas de la independencia el día de la gran victoria”. La infantería realista abre el fuego. Una bala alcanza a Díaz Vélez, quien debe retirarse del campo de batalla por la pérdida de sangre. Belgrano llama a Dorrego y le ordena:- Avance usted y llévese por delante al enemigo; pero no intercepte nuestra artillería.- Este, apoyado por la caballería y sostenido por los fuegos de la artillería, recuperó el terreno perdido

Los realistas se afirman en las faldas del cerro San Bernardo y desde allí sostienen una resistencia vigorosa. Belgrano acude oportunamente con la reserva en apoyo de su ala izquierda. Bajo los fuegos combinados de la artillería y la fusilaría terminan por dispersarse aquellos últimos restos del ejército realista que aún quedaban en el campo de batalla. La mayor parte del ala derecha enemiga se rindió a los patriotas. El Comandante Zelaya con sus Dragones tomó la Iglesia de la Merced

“La participación de las mujeres en Salta, fue fundamental para obtener la victoria de las armas patriotas”. Junto a Martina Silva de Gurruchaga “ aquella mañana montaron a caballo, y apoyándose en la pequeña fuerza que había preparado, recorrieron la tierra que quedaba a espaldas de aquellas lomas, que eran muy pobladas de campesinos agricultores, los recogieron a todos y los arriaron a la batalla”, esta acción fue decisiva para forzar la retirada del Marqués de Yavi. ( En el Museo de Salta, está el retrato y la Historia de esta señora patriota, quien además ayuda con dinero a Belgrano).

Otra anécdota de la lucha está referida a la amistad de Belgrano con Tristán: “Al fin, tocóle el turno de rendirse al general del rey. El General realista Tristán apéase del caballo y avanza hacia Belgrano para entregar la espada, cuando éste, conmovido por el inmenso infortunio que padecía, el que en España había sido su condiscípulo y amigo, habían vivido en Madrid bajo un mismo techo, sufrió al tratarlo con tanta dureza; tendió los brazos a Tristán y lo estrechó en un abrazo”.

4.- Rendición de Tristán . Lo más duro de la batalla se libró en el ala derecha realista ocupada por el Real de Lima, formado exclusivamente por españoles al cual Belgrano enfrentó con el Regimiento Número Uno, “su preferido, cuyos oficiales y tropas, todos porteños, se hicieron notables aquel día portándose con una bravura y una bizarría no menor que la del enemigo. De ambos lados perecieron soldados. “El Coronel realista La Hera, se presenta ante Belgrano para pedir capitulación. Belgrano le contesta: “dígale a su General que mi corazón se despedaza al ver tanta sangre americana. Otorgo una honrosa capitulación. Que cese el fuego”.

5. La Capitulación. Suspendido el fuego, por la tarde convienen los detalles de la capitulación. Queda acordado que al día siguiente los soldados realistas salgan de la ciudad, rindan las armas y entreguen los pertrechos de guerra, quedando obligados por juramento, desde el general a no volver a tomar las armas contra la Provincias Unidas hasta los límites del Desaguadero. Belgrano devolverá todos los prisioneros, a cambio de igual actitud por parte de los realistas, quienes deberán entregar los prisioneros patriotas que tiene Goyeneche en el Alto Perú.

Paz, recuerda que “en la mañana del 21, los dos ejércitos estaban sobre las armas. El uno, para entregar sus armas; el otro, para recibirlas. El tiempo seguía lluvioso. El batallón que llevaba la cabeza, empezó a desfilar por delante del jefe y hombres nuestros, que estaban apostados para recibir el armamento y el abanderado entregó, finalmente, la Real Insignia, que simbolizaba la conquista y un vasallaje de 300 años”. ”Así desfilan 2.786 hombres. La caballería echa pie a tierra y rinde sus sables y carabinas; la artillería entrega sus cañones, carros y municiones. Belgrano dispensa al general Tristán de la humillación de entregarle personalmente la espada, y lo abraza ante todos los presentes”. “Belgrano quiso inocular a los vencidos el espíritu de la revolución ganándolos por la gratitud”. Después de esta victoria, hubo 481 muertos, 114 heridos, 2.776 rendidos. “El Ejército Realista, no cumplió con esta promesa”.

En medio del campo de Castañares se abre una fosa común, donde son enterrados los muertos de ambos ejércitos, y sobre ella se levanta una gran cruz de madera con esta sencilla inscripción: "A los vencedores y vencidos en Salta, el 20 de Febrero de 1813". El visitante puede observar actualmente el Monumento, en la ciudad de Salta, en una gran plaza.

6.- Los 40.000 pesos en reconocimiento. Enterados en Buenos Aires: “...la asamblea decretó se le entregara a Belgrano cuarenta mil pesos del tesoro público, en premio a sus servicios, los que el noble y desinteresado soldado de la revolución, en su grande pureza, aceptó, no para sí, sino para establecer con ellos cuatro escuelas públicas de primeras letras en Tarija, Jujuy, Tucumán y de Santiago del Estero”.

(Bibliografía: B. Mitre: Historia de Belgrano y la Independencia; Pérez Amuchástegui: Crónicas Argentinas; José María Rosa: Historia Argentina; Juan Domingo Perón: Historia Argentina).

Prof. Lic. Luis Angel Maggi.
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