Seminario Franciscano cerrado. Reconvertido. Historia.-29 - 04 - 2026 -
El histórico seminario franciscano que se quedó sin vocaciones, estuvo abandonado y ahora fue reconvertido
Vista panorámica del antiguo seminario franciscano.
LA NACION.-Sociedad.
El antiguo edificio de la Orden de Frailes Menores Franciscanos funcionó durante casi cien años, mutando y adaptándose a los cambios epocales; hoy resurge con un proyecto liderado por una familia de exalumnas del colegio franciscano que funciona en el predio
Por Rodrigo Nardillo.
Paso del Rey es una localidad de casas bajas donde ocurre poco. Durante años, esta ciudad, ubicada casi al final de la zona oeste del Gran Buenos Aires, dentro del partido de Moreno, creció empujada por una fábrica textil ubicada a la vera del río Reconquista, hoy reducida a ruinas. En paralelo, casi en secreto, fue otro el espacio que tuvo un rol clave en el desarrollo y en la identidad del lugar: su histórico convento de frailes franciscanos.
El edificio, que vivió durante décadas los vaivenes de las vocaciones religiosas argentinas, estuvo a un paso de desaparecer. Hoy renace encarnando un nuevo rol, pero conservando gran parte de su valor patrimonial, histórico y religioso.
La capilla, que hoy solo se ocupa para celebraciones especiales, fue la primera de Paso del Rey. Foto-
Para entender por qué este sitio es una parte importante de Paso del Rey es necesario volver a 1934, cuando la Orden de Hermanos Menores Franciscanos recibió en donación una estancia ubicada en el margen norte de la vía del ferrocarril. Durante años el lugar fue una casa de formación de novicios que llegaban muy jóvenes.
Los adolescentes que arribaban, además de vivir en comunidad, recibían algo valioso y escaso para ese tiempo: educación. “Se llegó a albergar a un centenar de chicos que llegaban de todo el país y que, como parte del proceso de formación religiosa, estudiaban”, cuenta a LA NACION el padre Egidio Bazán, de 84 años, quien vivió en el lugar y fue uno de los frailes encargados de recibir y formar a los postulantes que llegaban al seminario.
El seminario llegó a albergar a un centenar de chicos que llegaban de todo el país
El seminario llegó a albergar a un centenar de chicos que llegaban de todo el país
“Con el paso del tiempo, la Orden fue cediendo los terrenos, que en un principio llegaban hasta lo que era la parada del tren. Nosotros cultivábamos la tierra, pero era difícil mantener semejante espacio y además se comenzó a poblar la zona, por lo que fuimos dejando lugar”, explica el sacerdote.
En 1964, la orden franciscana decidió darle forma de manera oficial a su escuela secundaria, a la que llamaron Inmaculada Concepción, y que otorgaba un título de educación normal. Esa primera camada contó con 34 postulantes que vivían en el seminario y cuatro alumnos externos, provenientes de familias allegadas a los frailes.
Vista panorámica de la capilla desde una de las galerías del antiguo seminario.-Foto.
Brindaba educación desde hacía muchos años, pero la Orden creó el colegio para que tengan un título de maestros. Al tiempo se abrió la escuela primaria porque el barrio crecía y vimos que era algo necesario. Teníamos la facilidad de contar con los maestros, que eran los mismos frailes que finalizaron el secundario”, explica el padre Bazán. Sostiene que esta escuela, la primera de la localidad, fue un aporte clave para el desarrollo de la zona.
Crisis y bonanza de vocaciones
Con los años, la situación fue cambiando. “Internamente, la Orden decidió modificar la edad de ingreso de postulantes a frailes, empujados por los avances que se evidenciaron en pedagogía y psicología, entendiendo que recibir chicos adolescentes ya no era lo mejor, lo que redujo mucho la cantidad de postulantes”, explica Bazán.
Los turbulentos años 7O reconfiguraron el seminario, que, producto de una fuerte caída de las vocaciones religiosas, se despobló de frailes. “Como consecuencia del Concilio Vaticano Segundo y del contexto sociopolítico, se generó una gran tensión dentro de la Iglesia”, sostiene el fraile.
Un viejo clavicornio, ya en desuso, es uno de los pocos objetos que permanecen del antiguo convento. Foto.
En paralelo, la escuela crecía y ganaba renombre. “A los pocos años se convirtió en colegio mixto y, como se fueron muchos frailes, la Orden decidió convocar a directivos y profesores laicos, quienes le dieron impulso, enfocando la formación en materias como matemáticas, física y química”, explica Bazán. La institución rápidamente se convirtió en una de las más prestigiosas de la zona, lo que incrementó el número de inscritos y obligó a establecer un examen que oficiaba de filtro para limitar los ingresos.
El apogeo del lugar ocurrió durante la década de los años 8O. La cantidad de alumnos se duplicó y, en paralelo, el seminario comenzó a vivir un proceso de fuerte crecimiento. Los postulantes comenzaron a multiplicarse, acompañando el proceso que el catolicismo atravesó durante esos años. Según datos de un informe que genera anualmente el Vaticano, llamado Anuario Estadístico Pontificio, en 1975, la Argentina contaba con 636 seminaristas; diez años después, eran 2231.
“Me marcó para toda la vida”
El seminario se pobló nuevamente de frailes jóvenes, quienes comenzaron a mezclarse con los alumnos. Los partidos de fútbol entre curas y estudiantes, las guitarreadas y los encuentros con mate después del horario de clase se convirtieron en postales del día a día.
“Vengo de una familia religiosa y de chico me acostumbré a una iglesia más acartonada y menos abierta, pero la vivencia que tuve durante los años de mi secundario en el colegio fue diferente y me marcó para toda la vida. Los frailes con los que me encontré en el seminario fueron personas que nos acercaron a la religión de una manera amorosa y fraterna”, le dice a LA NACION Bernardo Galezzi, un abogado que cursó su secundaria en el Instituto Inmaculada Concepción de Paso del Rey durante los años 8O.
El vitral de la capilla muestra a San Francisco de Asís en el Monte Alverna y lleva la inscripción: "Hagamos de este lugar un convento, porque nuestros hermanos los pájaros se alegran de nuestra venida"
El vitral de la capilla muestra a San Francisco de Asís en el Monte Alverna y lleva la inscripción: "Hagamos de este lugar un convento, porque nuestros hermanos los pájaros se alegran de nuestra venida"
Por esa época, el colegio sumaba alumnos y el seminario se abrió a una comunidad que abrazó a frailes que predicaban con un estilo moderno y cercano. “Los 8O fueron años vitales para la Orden luego de la crisis de los 7O″, destaca Bazan, quien fue testigo de esa etapa de ebullición, en que el seminario albergó a casi 5O religiosos y postulantes.
Los frailes jóvenes, ansiosos por evangelizar, formaron un grupo llamado JuFra (Juventud Franciscana), que tuvo origen unos años antes en Córdoba y cada sábado reunía en Pasó del Rey a decenas de alumnos del nivel secundario. Las misas de los sábados y domingos, como nunca antes, convocaban a una pequeña multitud. Muchas familias, luego de la ceremonia, se reunían con los frailes a comer y compartir largas sobremesas.
Los pasillos internos del antiguo convento se mantienen casi intactos
“Mis padres tuvieron una gran amistad con varios de los frailes. Iban muy seguido al convento. Además, mi papá ayudaba a hacer el locro de los domingos que se vendía a la comunidad y que se convirtió en histórico. Casi todos los que vivimos en Paso del Rey recordamos el locro del Ruso Dahiloff, el hermano que lo cocinaba”, recuerda Andrea Gil, exalumna del Colegio Inmaculada Concepción.
El batacazo final y la reconversión
Al final de esa década, el seminario sufrió una sangría dolorosa: un numeroso grupo de postulantes abandonó la Orden, fenómeno que en buena medida fue un espejo de lo que sucedió a nivel nacional en los seminarios diocesanos. Durante los años siguientes, las vocaciones religiosas descendieron de manera sostenida a nivel nacional.
El seminario se despobló y aquel vínculo tan activo entre frailes y comunidad se desdibujó. “Los pocos que quedaron viviendo allí fueron trasladados a otro convento próximo, ubicado en San Antonio de Padua, y la Orden decidió cerrar el lugar, ya que la cantidad de postulantes disminuyó drásticamente y no tenía sentido mantenerlo”, explica el sacerdote franciscano Fernando Lapierre, quien vivió su etapa de formación en Paso del Rey.
El altar de la capila mantiene su sobrio aspecto original.Foto.
Algunas situaciones de inseguridad obligaron a cercar el predio. Los espacios verdes y abiertos que los vecinos solían usar con fines recreativos y como canchas de fútbol quedaron vedados.
“Lo que ocurrió en Paso del Rey se repitió en el Seminario de San Antonio de Padua, pero también en otras casas que la Orden tenía en muchas provincias, porque hoy las vocaciones se cuentan con una mano y no es posible mantener esos edificios, por lo que es necesario darles un nuevo destino. A lo que no renunciamos es a los colegios, porque la educación es una parte muy importante de nuestra misión evangélica”, sostiene Lapierre.
La Cruz de San Damián,símbolo de la espiritualidad franciscana,en altar de la capilla.Foto.
Cerrado el antiguo convento, el destino casi natural que se le dio al edificio —conformado por decenas de dormitorios, una gran cocina y un amplio comedor junto con la Capilla— fue el de casa de retiros. Inicialmente lo utilizó el propio colegio y otras instituciones franciscanas. Pero, unos años después, el edificio cerró definitivamente.
Del cierre a la transformación
Cuando el antiguo convento desfallecía y no encontraba destino, una familia de exalumnas se acercó con una propuesta que los frailes franciscanos demoraron en responder, pero que finalmente aceptaron. “Desde hace unos años veníamos evaluando distintas alternativas y una de mis hijas me comentó que el antiguo convento estaba desocupado y se nos ocurrió que podría ser una buena idea. Presentamos el proyecto a la Orden a través del director del colegio y, luego de una primera respuesta negativa, nos volvieron a contactar diciendo que estaban interesados”, cuenta a LA NACION César Bargiela, responsable del proyecto.
El hall de ingreso del actual hogar para adultos mayores Estancia San Francisco es el espacio que antiguamente ocupaba la imprenta, que funcionó durante casi 2O años
El hall de ingreso del actual hogar para adultos mayores, Estancia San Francisco, es el espacio que antiguamente ocupaba la imprenta, que funcionó durante casi 2O años
Los Bargiela le propusieron a la orden franciscana poner en valor el antiguo edificio respetando su morfología, dado que se adecuaba a las necesidades que planteaba la institución que ellos proyectaban: un hogar para adultos mayores.
“Cuando nos sentamos a conversar, nos manifestaron que el hecho de que mis tres hijas y mi esposa hayan sido alumnas les dio confianza, pero lo que más pesó fue que entendieron que un hogar era un destino que se alineaba con los principios de la Orden”, explica Bargiela.
El sector del comedor que hoy ocupa el hogar de adultos mayores y que durante años fue usado por los frailes franciscanos.Foto.
El proyecto es ambicioso porque, además de las habitaciones actuales, que son las mismas que años atrás ocuparon los frailes, contempla la construcción de departamentos independientes que brinden seguridad, además de contar con los servicios de cuidado propios de un hogar para ancianos.
“La idea es que funcione como un pequeño barrio cerrado donde las personas que vivan aquí puedan mantener su privacidad, pero con mayor seguridad y con los servicios que se requieren para transitar una vida confortable. Nos contactaron muchas personas interesadas en vivir acá, pero lo llamativo resultó que no fueron los hijos sino directamente ellos planificando sus próximos años. Por otro lado, nos llamó la atención que muchas de las personas que nos consultaron son exalumnos del colegio que conocieron el lugar en el pasado”, explica María Victoria Bargiela, quien acompaña a su padre en este emprendimiento.
La antigua cocina en la que el hermano Dailoff preparaba el tradicional locro de los domingos hoy sirve para alimentar a las personas que habitan el hogar.Foto.
El hogar lleva por nombre Estancia San Francisco. Su hall de ingreso tiene lugar en el espacio que antiguamente ocupaba la imprenta de los frailes, la cual funcionó durante casi 2O años.
Muchos espacios fueron reconvertidos, mientras que otros, como la capilla, la cocina y los pasillos, se mantienen intactos. En cada uno de los dormitorios conserva una placa del Sagrado Corazón, un pequeño vestigio de la esencia del lugar.
Por Rodrigo Nardillo
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