Joan Manuel Serrat. Reflexiones sobre la vejez.- 04 - 05 - 2026 -

Joan Manuel Serrat: los viejos somos un colectivo que aún tiene mucho que aportar. El artista reivindicó el valor de la experiencia y la memoria colectiva durante un congreso en Barcelona, cuestionó los prejuicios sobre la vejez y llamó a construir una sociedad más justa, donde las personas mayores no sean invisibilizadas y puedan envejecer con dignidad y participación activa. lunes 4 de mayo de 2O26. Joan Manuel Serrat reflexiona sobre la tercera edad en la Universitat de Barcelona El cantautor catalán Joan Manuel Serrat volvió a poner en agenda el debate sobre el lugar de las personas mayores en la sociedad, al reclamar mayor respeto, visibilidad y condiciones dignas para esta etapa de la vida. Durante el cierre del Congreso internacional “¿Un derecho civil para las personas mayores?”, realizado los días 12 y 13 de marzo en la Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona, Serrat —de 82 años— reflexionó sobre el envejecimiento desde una mirada personal y social. Allí cuestionó los prejuicios que asocian la vejez con la falta de capacidad y advirtió sobre el avance del edadismo, una forma de discriminación cada vez más extendida. En su intervención, defendió el valor de la experiencia y el aporte de las personas mayores, y rechazó cualquier intento de relegarlas a la invisibilidad. En ese sentido, lanzó una frase contundente: prescindir de los adultos mayores “es como quemar los libros”, ya que implica perder la memoria colectiva y el conocimiento acumulado. Serrat también planteó la necesidad de que este grupo sea escuchado y tenido en cuenta en las decisiones sociales, remarcando que vivir más años no debería implicar hacerlo sin dignidad. A pesar del paso del tiempo y las limitaciones propias de la edad, sostuvo que mantiene intactas sus ganas de vivir y de sentirse útil. El encuentro, que reunió a especialistas para repensar el marco jurídico y social vinculado al envejecimiento, puso de relieve un desafío creciente: construir sociedades más inclusivas frente al aumento sostenido de la población mayor. En ese contexto, la voz de Serrat se sumó como un llamado a reconocer el valor de la vejez no solo como etapa vital, sino como parte esencial de la memoria y la identidad colectiva. El discurso completo de Serrat Me llamo Joan Manuel Serrat. Algunos de ustedes me conocerán. Escribo canciones y las canto. Tengo ochenta y dos años, gozo de buena salud y un estado de conservación más que aceptable. ¿Ochenta y dos años? Sí, ochenta y dos. “Está muy bien para su edad”. Eso me dicen, esperando que les devuelva el cumplido. Será que la gente quiere lucir joven, verse en el retrato de Dorian Gray. De momento, yo estoy encantado de estar aquí, compartiendo la clausura de estas jornadas de reflexión acerca del colectivo al que se conoce como la tercera edad, las personas mayores, en fin, lo que llamaremos en confianza los viejos. Con el tiempo he llegado a eso que Pascal Bruckner llama el veranillo de la vida, o sea, ese tiempo de propina en que, a menudo, el alma suele conversar con sí misma. Este es un buen momento para soltar el alma. Soy un hombre agradecido con la vida y acepto el hecho natural de envejecer y los inconvenientes que la naturaleza y el tiempo demoledor me imponen con el paso de los días. Con raspones, con abolladuras, aún conservo buena parte de mis ilusiones y convivo con mis achaques, con la ayuda de los fármacos y de las prótesis, las gafas, los audífonos, en fin, esas cosas. Me gusta la vida, me gusta estar vivo y sentirme útil. Por eso me rebelo contra un mundo donde se identifica a los viejos con la falta de capacidad, de talento o de preparación. Los viejos resultan incómodos para una sociedad que potencia el gasto y busca beneficios fáciles y rápidos, en tanto que a ellos, a los viejos, los tienen marginados porque consumen menos, porque tienen menos necesidades. A los viejos se les abandona en la soledad, porque la soledad, dicen, es algo inherente a la vejez y han de acostumbrarse a ella. Pero una sociedad sin solidaridad entre las generaciones es una sociedad empobrecida. Prescindir de los viejos no solo es un acto criminal e imbécil, es como quemar los libros, es destruir la memoria. Vivir más años no significa vivir mejor, pero tampoco vivir a rastras. Envejecer es la única manera que hemos encontrado de vivir una larga vida y queremos hacerlo con dignidad. Los viejos somos un colectivo que aún tiene mucho que aportar. Que no nos hagan invisibles, que escuchen y respeten nuestras preferencias, que empaticen con nuestros problemas y con nuestras dificultades, que nos tengan en cuenta en sus decisiones. Hacer otra cosa sería tirar piedras al tejado propio.

Joan Manuel Serrat sobre la vejez. - 05- 05- 2026 -

Joan Manuel Serrat reclama dignidad: “Prescindir de los viejos es como quemar los libros, es destruir la memoria” El icónico músico y escritor catalán destacó la relevancia del respeto hacia los adultos mayores y la búsqueda de condiciones humanas para transitar la etapa final de la existencia O2 May, 2O26 En la clausura del congreso internacional ¿Un Derecho Civil para las personas mayores? Repensar las instituciones atendiendo a necesidades nuevas, Joan Manuel Serrat tomó la palabra para plantear una reflexión sobre el lugar de las personas mayores en la sociedad contemporánea. La ciudad de Barcelona fue escenario de un hito para el debate social en torno al envejecimiento: el Congreso “¿Un derecho civil para las personas mayores? Repensar las instituciones atendiendo a necesidades nuevas”, celebrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona los días 12 y 13 de marzo, reunió a especialistas para discutir nuevas respuestas institucionales frente a los desafíos de la vejez. Enrique Moreno González, el cirujano que transformó la medicina española: la vigencia a los 86 años, trasplantes pioneros y un tratado monumental Te puede interesar: Enrique Moreno González, el cirujano que transformó la medicina española: la vigencia a los 86 años, trasplantes pioneros y un tratado monumental En ese marco, el cierre estuvo a cargo de Joan Manuel Serrat, quien, a sus ochenta y dos años, reclamó dignidad y visibilidad para quienes atraviesan la llamada tercera edad. El encuentro tuvo como eje central la urgencia de transformar el marco jurídico y social que afecta a una población globalmente creciente, en un contexto donde el edadismo —la discriminación por motivos de edad— se consolida como una de las formas de exclusión más naturalizadas del siglo XXI, según la definición establecida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2021. La voz de Serrat y el reclamo por la dignidad La participación de Joan Manuel Serrat en la clausura del evento generó una fuerte repercusión. En el video difundido por la propia Universidad de Barcelona, el cantautor compartió su perspectiva y propuso una mirada honesta sobre el envejecimiento: “Tengo ochenta y dos años, gozo de buena salud y un estado de conservación más que aceptable”. PUBLICIDAD Joan Manuel Serrat reclamó visibilidad y dignidad para los adultos mayores en la clausura del encuentro en la Facultad de Derecho. Joan Manuel Serrat reclamó visibilidad y dignidad para los adultos mayores en la clausura del encuentro en la Facultad de Derecho. Insistió en aceptar el paso del tiempo sin resignar entusiasmo ni utilidad social. “Acepto el hecho natural de envejecer y los inconvenientes que la naturaleza y el tiempo demoledor me imponen con el paso de los días. Con raspones, con abolladuras, aún conservo buena parte de mis ilusiones y convivo con mis achaques, con la ayuda de fármacos y prótesis… Me gusta la vida, estar vivo y sentirme útil”. Señaló con claridad el mecanismo que conduce a la exclusión de los mayores: “Me rebelo contra un mundo donde se identifica a los viejos con la falta de capacidad, de talento o de preparación”. Durante su intervención, Serrat subrayó el peso social de la existencia de los adultos mayores. “Prescindir de los viejos no solo es un acto criminal e imbécil, es como quemar los libros, es destruir la memoria. Vivir más años no significa vivir mejor, pero tampoco significa vivir sin dignidad. Envejecer es la única manera que hemos encontrado de vivir una larga vida y queremos hacerlo con dignidad”. Remarcó que las personas mayores siguen teniendo aportes que ofrecer y rechazó cualquier condena a la invisibilidad o la soledad: “Que escuchen y respeten nuestras preferencias, que empaticen con nuestros problemas y con nuestras dificultades, que nos tengan en cuenta en sus decisiones”. No es la primera vez que Serrat se refiere a la temática, aquí 9 frases sobre la vejez: “No me van a quitar las ganas de vivir”. El Congreso de Barcelona y la agenda contra el edadismo El desafío demográfico que enfrenta la sociedad contemporánea resulta ineludible: a finales de la década de 2070, la población mundial mayor de 65 años se elevará a 2.200 millones de personas, superando por primera vez a la de menores de 18 años, de acuerdo con los datos analizados durante el congreso y recogidos por la Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona. Joan Manuel Serrat - doctor honoris causa "Los viejos resultan incómodos para una sociedad que potencia el gasto y busca beneficios fáciles y rápidos", dijo el cantautor, de 82 años El envejecimiento acelerado plantea retos estructurales que afectan la toma de decisiones esenciales sobre el propio cuidado, el patrimonio, la convivencia y la sucesión, áreas marcadas por un mayor riesgo de vulnerabilidad. Los especialistas que participaron expusieron directamente la necesidad de adaptar las instituciones para proteger tanto la autonomía como el bienestar de las personas mayores, dado el desfase entre los procesos demográficos y un derecho civil aún enfocado en la figura del sujeto plenamente autónomo. El encuentro en la Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona, universidad pública española, reunió a juristas, académicos y profesionales que analizaron los retos jurídicos de la sociedad actual ante el envejecimiento. Se abordaron, entre otros temas, la autonomía y las capacidades civiles de las personas mayores, las garantías testamentarias, los modelos de cuidado y la elaboración de nuevos instrumentos legales para la protección de intereses patrimoniales y relacionales durante la vejez, con intervenciones de expertos como Feliciano Villar Posada, catedrático de psicología evolutiva de la universidad, y Esther Algarra Prats, catedrática de derecho civil de la Universidad de Alicante, también universidad pública española. La OMS definió en 2021 el edadismo como “el conjunto de estereotipos, prejuicios y discriminaciones hacia las personas por su edad”, indicando que opera a nivel institucional, interpersonal e incluso autoinfligido. El congreso estableció como prioridad situar la lucha contra el edadismo en el centro de las políticas públicas, especialmente en el ámbito municipal, y visibilizar las formas cotidianas de exclusión que viven los mayores. Dentro de su programa, el congreso incluyó mesas sobre el derecho sucesorio en España, Francia e Italia, la reforma de apoyos para la libertad en Cataluña y el análisis de contratos civiles y de consumo. Participaron referentes como Claude Brenner, de la Université Panthéon‑Assas Paris II —prestigiosa universidad francesa—, y Yves Picod, de la Université de Perpignan Via Domitia, también universidad francesa de reconocido prestigio. Uno de los mensajes centrales del congreso, defendido tanto por juristas como por Serrat, es que garantizar la participación real de las personas mayores y adaptar las instituciones a sus necesidades resulta fundamental para la solidaridad intergeneracional en una sociedad que, de manera imparable, seguirá envejeciendo. “Que no nos hagan invisibles, que escuchen y respeten nuestras preferencias”, reclama Serrat al pedir mayor reconocimiento y participación para las personas mayores. El texto completo de Serrat Me llamo Joan Manuel Serrat. Algunos de ustedes me conocerán. Escribo canciones y las canto. Tengo ochenta y dos años, gozo de buena salud y un estado de conservación más que aceptable. ¿Ochenta y dos años? Sí, ochenta y dos. “Está muy bien para su edad”. Eso me dicen, esperando que les devuelva el cumplido. Será que la gente quiere lucir joven, verse en el retrato de Dorian Gray. De momento, yo estoy encantado de estar aquí, compartiendo la clausura de estas jornadas de reflexión acerca del colectivo al que se conoce como la tercera edad, las personas mayores, en fin, lo que llamaremos en confianza los viejos. Con el tiempo he llegado a eso que Pascal Bruckner llama el veranillo de la vida, o sea, ese tiempo de propina en que, a menudo, el alma suele conversar con sí misma. Este es un buen momento para soltar el alma. Soy un hombre agradecido con la vida y acepto el hecho natural de envejecer y los inconvenientes que la naturaleza y el tiempo demoledor me imponen con el paso de los días. Con raspones, con abolladuras, aún conservo buena parte de mis ilusiones y convivo con mis achaques, con la ayuda de los fármacos y de las prótesis, las gafas, los audífonos, en fin, esas cosas. Me gusta la vida, me gusta estar vivo y sentirme útil. Por eso me rebelo contra un mundo donde se identifica a los viejos con la falta de capacidad, de talento o de preparación. Los viejos resultan incómodos para una sociedad que potencia el gasto y busca beneficios fáciles y rápidos, en tanto que a ellos, a los viejos, los tienen marginados porque consumen menos, porque tienen menos necesidades. A los viejos se les abandona en la soledad, porque la soledad, dicen, es algo inherente a la vejez y han de acostumbrarse a ella. Pero una sociedad sin solidaridad entre las generaciones es una sociedad empobrecida. Prescindir de los viejos no solo es un acto criminal e imbécil, es como quemar los libros, es destruir la memoria. Vivir más años no significa vivir mejor, pero tampoco vivir a rastras. Envejecer es la única manera que hemos encontrado de vivir una larga vida y queremos hacerlo con dignidad. Los viejos somos un colectivo que aún tiene mucho que aportar. Que no nos hagan invisibles, que escuchen y respeten nuestras preferencias, que empaticen con nuestros problemas y con nuestras dificultades, que nos tengan en cuenta en sus decisiones. Hacer otra cosa sería tirar piedras al tejado propio.

Joan Manuel Serrat. La Vejez y los jubilados.-28 - 02 -2026 -

Joan Manuel Serrat sobre la vejez: "No me he dado cuenta de que soy viejo, me he dado cuenta por los demás" El artista habla claro sobre sus sensaciones en cuanto al paso del tiempo Barcelona. Sábado, 28 de febrero de 2O26. Joan Manuel Serrat sobre la vejez: "No me he dado cuenta de que soy viejo, me he dado cuenta por los demás" Joan Manuel Serrat vuelve a dejar una de esas reflexiones que conectan de forma inmediata con varias generaciones. A sus 82 años, el cantautor no solo mantiene intacta su lucidez, sino también una mirada especialmente crítica sobre cómo la sociedad interpreta el paso del tiempo. Su frase, directa y sin rodeos, resume una sensación compartida por muchos mayores: “No me he dado cuenta de que soy viejo, me he dado cuenta por los demás”. El artista, autor de canciones que forman parte de la memoria colectiva, ha abordado la vejez con naturalidad, pero también con cierta incomodidad hacia los estereotipos que la rodean. Lejos de un discurso derrotista, Serrat defiende una actitud activa ante esta etapa vital. En sus palabras, la edad no implica retirarse del mundo ni renunciar a la propia identidad. “No me he dado cuenta de que soy viejo” Serrat sintetizó su visión con una mezcla de serenidad y determinación. “Tengo 82 años y pienso seguir haciendo cosas en defensa de mi familia, de mi pueblo y, sobre todo, en defensa propia”, afirmó. Una declaración que rompe con la idea de pasividad asociada tradicionalmente a la vejez. El compositor reivindica además el valor de la duda frente a las certezas absolutas, una constante en su trayectoria personal y artística. “He tenido dudas, pero mejor tener dudas que certezas absolutas”, explicó, subrayando que el aprendizaje no desaparece con los años. Su reflexión más comentada, sin embargo, aparece al hablar de la percepción externa del envejecimiento. Serrat reconoce que no ha sido un proceso interior, sino algo que ha identificado a través del trato y las expectativas de los demás. Especialmente cuando se le insiste en escribir sus memorias, una propuesta que rechaza de plano. Crítica a cómo la sociedad trata a los mayores El cantautor también ha mostrado una postura muy clara sobre el papel que se otorga a las personas mayores. En declaraciones a la BBC, describió una realidad que considera preocupante, la tendencia social a “jubilar obligatoriamente” no solo del trabajo, sino también de la vida pública. Serrat denuncia que, con frecuencia, la jubilación viene acompañada de una pérdida simbólica de visibilidad. “Se le retira también el derecho a ser visible y se acaba convirtiendo en un ser invisible”, señaló, apuntando a una forma de exclusión silenciosa pero persistente. Lejos de resignarse, su mensaje insiste en la necesidad de afrontar esta etapa con sensatez y optimismo. No porque vaya a ser mejor, advierte, sino porque la actitud condiciona directamente la forma en que se vive. Una reflexión que trasciende la figura del artista y toca una cuestión social cada vez más relevante sobre cómo convivir con la longevidad en una sociedad que aún no ha aprendido a mirarla sin prejuicios.

Paz de Hiroshima 27-05-2016 Visita de Barack Obama. Bomba atómica 6 de Agosto1945.- Reflexiones.- 04-05-2026-.

Cuando Barack Obama entró en el Parque Conmemorativo de la Paz de Hiroshima el 27 de mayo de 2016, convirtiéndose en el primer presidente estadounidense en ejercicio en visitar la ciudad que Estados Unidos había destruido en agosto de 1945, el mundo observó el discurso. Las cámaras siguieron la ofrenda floral depositada ante el cenotafio. Los titulares se centraron, con razón, en la gravedad del momento. Casi nadie, entonces, reconoció al pequeño hombre japonés, de voz suave, que estaba cerca en la delegación oficial. Se llamaba Shigeaki Mori. Tenía ocho años el 6 de agosto de 1945. Para la primavera de 2016, era el hombre que había dedicado décadas a reconstruir los nombres y las historias de los prisioneros de guerra estadounidenses muertos en Hiroshima: doce militares de Estados Unidos cuyas familias habían vivido durante años con respuestas incompletas. Había pasado gran parte de su vida buscándolos en silencio. Mori nació en Hiroshima el 29 de marzo de 1937. La mañana en que cayó la bomba, estaba cerca de un puente, a aproximadamente dos kilómetros y medio del hipocentro. La onda expansiva lo lanzó al agua. Años después, recordaría el horror que vio al salir. Era un niño. No había hospitales a los que enviar a nadie. El centro de la ciudad había sido arrasado. Para finales de 1945, la cifra de muertos en Hiroshima llegaría a unas 140.000 personas. Mori sobrevivió. Creció en el Japón de posguerra. Tuvo trabajos comunes y una vida discreta. Pero desde niño había querido ser historiador. Así que se convirtió en uno en su tiempo libre, durante fines de semana, noches y años de paciencia. Décadas después del bombardeo, Mori encontró una pista que cambiaría su vida: la existencia de aviadores estadounidenses capturados por las fuerzas japonesas poco antes de la bomba. Comprendió de inmediato lo que aquello significaba. Aquellos estadounidenses eran tripulantes de bombarderos B-24 derribados durante operaciones sobre la zona de Kure, al sur de Hiroshima. Tras ser capturados, fueron llevados a Hiroshima y detenidos cerca del lugar donde explotó la bomba atómica el 6 de agosto de 1945. Murieron por la bomba de su propio país. Durante décadas, sus historias quedaron incompletas. Sus familias en Estados Unidos habían recibido noticias vagas: desaparecidos en acción, presuntamente muertos. Pero no sabían exactamente dónde. No sabían cómo. No sabían que sus seres queridos habían muerto en Hiroshima junto a miles de civiles japoneses. Mori decidió encontrarlos. Sin financiación, sin grandes instituciones detrás y sin credenciales académicas formales, pasó décadas reconstruyendo la historia de esos hombres. Revisó registros japoneses. Consultó archivos militares estadounidenses. Siguió fechas de derribo, capturas, traslados e interrogatorios entre dos idiomas y dos burocracias. Buscó testigos. Unió fragmentos. Nombre por nombre. Luego empezó a escribir cartas. Escribió, con su inglés limitado, a las familias de aquellos hombres en distintas ciudades de Estados Unidos. Muchas de esas cartas llegaron con décadas de retraso. Para varias familias, era la primera vez que alguien les explicaba las circunstancias reales de la muerte de su hijo, hermano o pariente. Mori les contó lo que había encontrado. Les envió documentos. Les envió fotografías cuando las tenía. En 2008 publicó sus investigaciones en un libro sobre los prisioneros estadounidenses muertos por la bomba atómica. Su trabajo recibió reconocimiento en Japón y ayudó a que esas muertes fueran recordadas de manera más clara y pública. En 2O16, el documental Faroles de papel llevó su historia a un público más amplio de habla inglesa. Cuando la administración de Obama preparó la histórica visita a Hiroshima en mayo de 2O16, Mori estuvo presente. En su discurso, ante el cenotafio, Obama recordó a las víctimas de la bomba: japoneses, coreanos y también prisioneros estadounidenses. Fue uno de los discursos presidenciales estadounidenses más observados desde Hiroshima. Y fue una de las primeras veces que un presidente de Estados Unidos, en suelo japonés, reconocía públicamente a aquellos estadounidenses muertos allí como prisioneros. Después del discurso, Obama caminó junto a los sobrevivientes y dignatarios. Cuando llegó a Mori, pequeño, anciano y emocionado, el presidente abrió los brazos. Los dos hombres se abrazaron durante varios segundos. Mori contó después, con sencillez, que el presidente hizo el gesto de abrazarlo, y entonces se abrazaron. La fotografía de ese abrazo dio la vuelta al mundo. Se convirtió en una de las imágenes más recordadas de la visita. En 2018, a los 79 años, Shigeaki Mori viajó a Estados Unidos por primera vez en su vida. Participó en actos de memoria dedicados a los prisioneros estadounidenses muertos en Hiroshima. Asistió a proyecciones del documental sobre su vida. Visitó universidades. Habló ante Naciones Unidas. El hombre que había pasado décadas escribiendo cartas a familias estadounidenses que nunca había visto cruzó finalmente el océano para estar entre ellas. Alguna vez le preguntaron por qué un hombre que casi había muerto bajo una bomba estadounidense dedicó tantos años a honrar a estadounidenses muertos en esa misma ciudad. Su respuesta merece sobrevivirlo. La investigación a la que dedicó más de 4O años no trataba de personas de un país enemigo. Trataba de seres humanos. Shigeaki Mori murió en un hospital de Hiroshima el 14 de marzo de 2026. Tenía 88 años. Fuente: Reuters (“Shigeaki Mori, Hiroshima atomic bomb survivor embraced by Obama, dies at 88”, 17 de marzo de 2026)